viernes, 22 de febrero de 2013

Bin Laden frente al tirador de las 00.30 / Oscar 2013



En la noche del 1 al 2 de mayo de 2011, Barack Obama informó de que Bin Laden acababa de ser ejecutado por un comando estadounidense. Fue deliberadamente breve y sobrio. No hubo en su mensaje televisado el menor atisbo de sonrisa triunfalista.

   Ahora, casi dos años después, la ejecución extrajudicial del líder de Al Qaeda es el tema de dos extraordinarios y perturbadores documentos.

  Uno, periodístico, es la historia del aún anónimo tirador de los Navy SEAL que abatió a Bin Laden en su último refugio, en Abbottabad (Pakistán). Phil Bronstein, el reportero que la cuenta, le llama The Shooter, el tirador.

   El otro, cinematográfico, es La noche más oscura (Zero Dark Thirty), el filme dirigido por Kathryn Bigelow que compite por cinco Oscar en la ceremonia de este fin de semana.


    Se ha discutido mucho sobre las realistas escenas de tortura de La noche más oscura. A los estadounidenses patrioteros les molestan porque explicitan algo que todos sabemos: la tortura -practicada por agentes norteamericanos o subcontratada a terceros, en Irak, Afganistán o Guantánamo, con la bendición de Bush o los reparos de Obama- es un instrumento habitual de la CIA en su lucha contra Al Qaeda. A otros, en cambio, esas escenas les disgustan porque creen verlas como una justificación del uso de la brutalidad en la búsqueda de informaciones sobre el paradero y los planes de Bin Laden y los suyos.

    Más allá de ese debate, la película de Bigelow es relevante por su rareza en la cinematografía estadounidense. Contada de un modo austero y sombrío, deja al espectador –o al menos, me dejó a mí- un regusto amargo y triste. No hay en ella banderas estadounidenses flameando victoriosamente, ni planos ralentizados de soldados caminando hacia la cámara con la sonriente satisfacción del deber cumplido, ni discursos carismáticos de sangre, sudor y lágrimas desde la Casa Blanca.

   La noche más oscura es la narración de un trabajo sucio: la mayor caza de un ser humano de la historia. Un trabajo que sólo puede concluir con la muerte del fugitivo. Un trabajo ineludible para los que lo realizan: Maya, la agente de la CIA empecinada en seguir la pista que terminó con el descubrimiento del refugio de Bin Laden, y los 23 miembros del comando de verdugos de los Navy SEAL.

   Diversos elementos subrayan esa asepsia casi documental. El más obvio, la narración con gafas militares de visión nocturna del asalto de la casa de Abbottabad, a las 00:30 horas, las Zero Dark Thirty del título original. Otro, lo que ha sido llamado iconofobia del filme: el hecho de que, por ejemplo, Bin Laden apenas salga de refilón.

   El guion de La noche más oscura está basado en la realidad, en documentos secretos y testimonios de personas que no desean difundir su identidad. 
        
Casco del Shooter. Center for Investigative Reporting
   Phil Bronstein tampoco da el nombre del protagonista de su reportaje The Shooter, una de las exclusivas periodísticas más importantes de los últimos tiempos. Publicado en la web del Center for Investigative Reporting, convertido asimismo en un cortometraje de animación y reproducido por la revista Esquire, el reportaje de Bronstein cuenta la historia del soldado que le descerrajó tres tiros en la frente a Bin Laden.

   Resulta que Bronstein, ex corresponsal en Filipinas, América Latina y Oriente Próximo y hoy presidente del Center for Investigative Reporting (CIR), una organización de Berkeley (California) consagrada al periodismo de investigación, se hizo amigo del anónimo tirador en el transcurso de un trabajo sobre los problemas de los veteranos de guerra norteamericanos. Bronstein y The Shooter compartieron muchos tragos de whisky escocés antes de que el hombre que mató a Bin Laden diera su permiso para que el periodista contara su historia.

   Así describió la ejecución: “Le disparé dos veces en la frente. ¡Bap, Bap! La segunda según estaba cayendo. Se encogió en el suelo frente a su cama y le disparé otra vez ¡Bap! En el mismo sitio. Estaba muerto. No se movía. Tenía la lengua fuera. Le miré mientras daba sus últimos suspiros”.

    The Shooter, cuenta Bronstein, es un tipo corpulento y divertido que, tras 16 años de leales servicios, dejó voluntariamente los Navy SEAL. Hoy está en paro, sin pensión ni cobertura sanitaria y con serios problemas de salud.
       
    En el Ejército le despidieron de este modo: “Estás fuera del servicio, tu cobertura se ha acabado. Gracias por tus 16 años de servicio”. The Shooter comprendió el mensaje: “¡Ahora que te jodan!”.

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